1- Ranqueles

1. a. MAPA DE ETNIAS / pueblos originarios en el actual territorio de la República Argentina



 1. b. Extractado de “Los Ranqueles reducidos en la frontera del Río Quinto durante la década de 1870: su incorporación al Ejército Nacional” 
Marcela Tamagnini - Graciana Pérez Zavala - Ernesto Olmedo, Laboratorio de Arqueología y Etnohistoria-Universidad Nacional de Río Cuarto. marcela.tamagnini@gmail.com; gracianapz@gmail.com; erolmedo@yahoo.es. Este artículo ha sido publicado en: MARTINI, Yoli, Graciana PÉREZ ZAVALA y Yanina AGUILAR (comps.). 2009. Las sociedades de los paisajes áridos y semiáridos del centro-oeste argentino: 295-311. Río Cuarto, Editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto. ISBN 978-950-665-558-7. Su publicación fue autorizada en junio de 2010.



(…) la política llevada a cabo por el Gobierno Nacional de conceder grados militares a los caciques, capitanejos e indios lanza que encabezaban los contingentes que se reducían. (…) caracteriza el proceso de “militarización” de los indígenas que se instalaron en las misiones franciscanas (…) en el marco de las acciones que el Estado Nacional llevaba a cabo en pos de fragmentar y resquebrajar las relaciones en el interior de las sociedades indígenas.

(...) Un hito distintivo de esta porción fronteriza fue la creación por parte de los misioneros franciscanos de dos núcleos de reducciones indígenas sobre el río Quinto, específicamente en cercanías de los fuertes Sarmiento y Villa Mercedes (Provincias de Córdoba y San Luis). Los indígenas reducidos eran ranqueles, una de las etnias que, a lo largo del siglo XIX, más se ajustó a la condición de indios soberanos.

(…) El traslado de la frontera militar del río Cuarto al río Quinto (…) marcó el curso de la década final de la frontera. Éste provocó el arrinconamiento de los ranqueles, en especial de aquellos que transitaban por las tierras próximas a los nuevos fuertes.

(…) Esta digresión sobre la territorialidad indígena adquiere todo su valor si tenemos en cuenta que la mayor parte de los grupos que se trasladaron “del toldo a la cristiandád” entre 1872 y 1878 eran “indios de la orilla”. Su instalación en la frontera habría estado determinada en gran parte por el control nacional de las aguadas y las tierras de pastoreo, las expediciones punitivas sobre sus toldos, las disidencias con los caciques principales, las epidemias de viruela y el “estado deplorable” (pobreza) en que se encontraban.

(…) en ella (la reducción) vivían alrededor de seiscientos indígenas, “divididos en familias que habitan miserables chozas de paja”. Además agregaba que “muy pocos” de estos indígenas se dedicaban a la labranza ya sea por su reciente reducción (se refiere a los indígenas de Ramón), por “su holgazanería natural” o porque, como los de Villa Mercedes, estaban ocupados “al servicio militar”. (…) mencionaba que en la misión de Villa Mercedes vivían “cerca de trescientos indígenas entre grandes y chicos

(…) Finalizadas las expediciones de “ablandamiento” (1878) y la “Campaña al Desierto” (1879), esas reducciones fueron disueltas, enviándose a “las familias indias á diversos puntos de la Provincia de San Luis, Buenos Aires, etc.”

(…) “reglamentos de campaña” que buscaban, según su letra, combatir la ociosidad mediante la persecución y el alistamiento de ladrones, malhechores, vagos, mal entretenidos, matreros y cuatreros (…) indígenas. Los ranqueles emplazados en las misiones de los franciscanos no quedaron al margen de estos reclutamientos de efectivos ni de las movilizaciones de las tropas.

 
1. c. Extractado "EL OCASO DE LOS RANQUELES"

Norman Cruz

CRONOLOGIA COMENTADA DE DOCUMENTOS PUBLICADOS RELATIVOS A LA PERSECUCION Y EXTERMINIO DE BAIGORRITA Y SU GENTE (SETIEMBRE DE 1878 - AGOSTO DE 1879)

Esta Cronología está realizada con una muy pequeña parte del material documental consultado para escribir la novela inédita Baigorrita. En dicha obra, la perspectiva desde la cual se narran los hechos no es la de los perseguidores, como en este trabajo, sino la de los perseguidos, es decir, de la tribu de dicho jefe ranquel. Este material me parece sumamente importante como exponente del discurso oficial durante la llamada “Conquista del Desierto”, y por ese motivo he querido publicarlo de este modo. Norman Cruz normanenz@yahoo.com.ar

http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Narrativa/NormanCruz/Elocasodelosranqueles/index.asp
http://www.folkloretradiciones.com.ar/literatura/El%20Ocaso%20De%20Los%20Ranqueles.pdf

  
Durante más de cuatro centurias, los mapuche (mapu: tierra, país, nación, territorio, región; che: gente, el hombre; gente de esta tierra) -quienes, a diferencia de otros pueblos avasallados de este continente, recibieron al conquistador con las armas en la mano-, defendieron enconadamente su libertad. En el interín, se expandieron desde sus primitivos territorios en la vertiente occidental de la cordillera, siguiendo los valles andinos, hasta ocupar, convertidos en pueblos ecuestres, lo que hoy es la pampa central argentina. Hacia la séptima década del siglo XIX, los estados argentino y chileno se disponen a ocupar esos territorios, arrancando de cuajo a sus legítimos habitantes.
En el caso argentino, para 1878, año que marca el principio del fin para los indígenas, al sur de los ríos Diamante y Quinto el estado no ejercía soberanía alguna. Salvo algún enclave, como Patagones, de hecho era territorio indígena. La población mapuche, el desarrollo de cuya cultura había absorbido el sustrato étnico preexistente y una gran influencia interfronteriza mientras se mestizaba con una importante cuota de sangre blanca, se hallaba distribuida al oriente de los Andes.
(...) La parcialidad mayor era la de los chadiche (chadi: sal; habitantes de las salinas, por las Salinas Grandes), heredera de la gran confederación fundada cuatro décadas antes por Callvucurá; a la sazón bajo la jefatura de su hijo Namuncurá, había perdido la mayor parte del poderío de antaño. La otra era la de los rancülche (rancüll: carrizo; gente del carrizal, españolizado como ‘ranqueles’), de la tragedia de la gente de uno de cuyos jefes, conocido como Baigorrita, da cuenta esta Cronología. (...).    

Ley de ocupación de la tierra. (…) Todo el contenido de la presente ley comenzará á tener efecto inmediatamente de terminada la guerra que hoy sostiene la Nacion contra el Paraguay ó antes si fuere posible. Lo relativo al pacto de indios, deberá comenzar su ejecucion inmediatamente de sancionada por el Ejecutivo.
Ley de distribución de la tierra, 1878. (…) el establecimiento de la línea de fronteras sobre la márgen izquierda de los rios Negro y Neuquén, prévio sometimiento ó desalojo de los indios bárbaros de la Pampa, desde el rio V y el Diamante hasta los dos rios antes mencionados.
(…) A medida que avance la actual línea de fronteras, se harán mensurar las tierras á que se refieren los artículos anteriores y levantar los planos respectivos, dividiéndose en lotes de diez mil hectáreas (cuatro leguas kilométricas cuadradas) numeradas de uno adelante, con designacion de sus pastos, aguadas y demas cualidades: Todo lo cual se hará constar en un registro especial, denominado: “Registro gráfico de las tierras de frontera”.
Este instrumento jurídico fue impulsado por el sector directamente interesado en las tierras, cuya punta de lanza en el gobierno era el general más joven del país: Julio Argentino Roca, a la sazón ministro de la Guerra, quien -por vía de una polémica periodística con su antecesor, el doctor Adolfo Alsina, cuando éste iniciaba la ocupación del llamado ‘desierto’ sobre la base de una estrategia progresiva- logró la adhesión de la opinión pública al proyecto de ‘limpiar el territorio’ de sus moradores mediante una ofensiva rápida y letal.
La ley 947 sólo recuerda dos veces el objetivo bélico. La primera, no por concisa menos contundente, en el Art. 1º y en tono casi incidental: “previo sometimiento o desalojo de los indios bárbaros”; la segunda, en el Art. 19º, manda reservar tierras “para el establecimiento de los indios que se sometan”. Lo que importaba, como se ve, era definir las reglas de parcelamiento y apropiación del territorio en beneficio del estrato pudiente de la sociedad contemporánea.

Tratado de paz del 24/7/78
(...) Queda convenido que habrá por siempre paz y amistad entre los pueblos cristianos de la República Argentina y las tribus Ranquelinas que por este convenio prometen fiel obediencia al Gobierno y fidelidad á la Nacion de que hacen parte y el Gobierno por su parte les concede proteccion paternal.(...) Los Caciques mencionados se obligan á perseguir á los indios Gauchos ladrones y á entregar los malévolos cristianos con los animales que llevan á tierra adentro, (...). (...) formalmente estipulado que si uno ó algunos indios de los que entran en este tratado, diesen malon sobre cualquier punto de la Frontera ó cometiesen robo ó asesinato sobre los bienes ó personas de algun transeunte ó estanciero, quedará por este solo hecho rota la paz con el Cacique y tribu á que pertenezcan dichos malhechores(...) y resultando criminales serán castigados, con arreglo á las leyes del país,(...).(...) invasion de extranjeros ú auca mapuches, todos los Caciques ó tribus se comprometen á prestar decidido apoyo al Gobierno Argentino; bien entendido que seran muy severamente perseguidos y castigados como traidores á la Patria, los Caciques y tribus que en algun tiempo se sepa haber tenido relacion ó connivencias con el enemigo.(...) firmado en prueba de asentimiento, por los Caciques Cayupan y Huenchugner, como representante el primero del Cacique principal Manuel Baigorrita, y el segundo, del de igual clase, Epugner Rosas. Lo suscribirá asi mismo el Teniente Coronel Dn. Manuel José Olascoaga como comisionado al efecto, con la aprobacion del Ecsmo. Gobierno.
Buenos Aires, Julio 30 de 1878. AVELLANEDA – Julio A. Roca
(...)(Setiembre de 1878-marzo de 1879)con la sanción de la ley y como paso preparatorio para la expedición definitiva, Roca lanza lo que Olascoaga (...) denomina “batida general del territorio indígena” (...) el efecto de la entrada en funcionamiento de dos elementos técnicos fundamentales para la transformación radical de la estrategia bélica secular contra los aborígenes: el telégrafo y el Remington. (...) intrincada red de mensajes telegráficos por cuyo medio Roca -no en vano apodado El Zorro- pone en juego sus dotes de organizador y político para manejar el proceso, distribuyendo y combinando en sabias dosis -con un notable manejo de los tiempos tácticos-, órdenes, sugerencias, adulaciones, reproches, acicates y felicitaciones a sus diligentes subordinados.

PINCEN (...) uno de los jefes independientes más importantes. Aunque fue famoso por su astucia, temeridad y bravura y por no someterse a la jefatura de caciques mayores, lo que se sabe sobre su persona es inespecífico y contradictorio. (...) [Tras su captura fue] conducido a Martín García como prisionero, fue liberado condicionalmente por la familia Roca y llevado a Junín, donde se desempeñó como peón de estancia hasta su muerte. 
(...)Es conveniente me mande cuanto antes esos 19 indios prisioneros que tomó el mayor Alvarez. Los necesito con urgencia para el Batallón de Artillería de Plaza. Dígame cuando podrá mandar otra expedición de 80 ó 100 hombres. El coronel Villegas acaba de dar un buen golpe a los indios de Pincen. Julio A. Roca 
(...) avísemelo para premiarlo como se debe. Estoy dispuesto a recompensar toda acción contra los indios que revele inteligencia, actividad y coraje por el jefe u oficial que la lleve a cabo. (...) Julio A. Roca 
(...): Mis felicitaciones por el buen éxito de su excursión. Es preciso repetirla a menudo, para quebrar el espíritu del indio y mantener vivo el miedo y el terror, entre ellos. Así, en vez de pensar en invadirnos, sólo pensarán en huir, buscando su salvación en la espesura de los bosques. Julio A. Roca 
(...) Es necesario tener constantemente en alarma a los indios y si no siempre se alcanzan ventajas positivas, la influencia moral sobre ellos tiene que ser grande. Julio A. Roca   
(...) aunque más no sea por tener en alarma a los indios, usted mande partidas en distintas direcciones (...). En Villa Mercedes vamos a hacer una buena cosecha de Ranqueles. Julio A. Roca 
(…) si quieren vivir en adelante en paz con el Gobierno de la Nación, es necesario que se vengan a situar con sus tribus en los puntos que se les designará, donde se les dará vacas, ovejas y mucho dinero que de otra manera tendrá que emplearse en someterlos por la fuerza o destruirlos.

CAYUPAN. (...) Cayupán (Seis Pumas) aparece aquí en el bando cristiano. Era cuñado de Baigorrita (...) su embajador plenipotenciario en todas las negociaciones mantenidas con los blancos (...) al pie del último tratado aparece como representante de Baigorrita. (...) Fue reclutado con sus lanceros con grado de capitán y más tarde, ya teniente coronel, mandó la vanguardia de Rudecindo Roca que alcanzó a Baigorrita en Cochicó (...) donde intentó convencerlo de entregarse y parece haber facilitado el escape con su renuencia en la persecución, (...). Después de la campaña, como sucedió con todos los indios “amigos”, ya nadie se interesó por él. (...): Han dado de baja a todos los indios de la Totorita y de Cayupan. Apenas diez o doce han quedado de militar. Todo el mundo está sin ración. (...) algunos van poniendo el lomo al trabajo de peón.(...)Puede largar algún viejo o vieja, haciéndoles promesas para que, volviendo a sus toldos, induzcan a las familias de los tomados a presentarse.(...)Para estos pillos el pan en una mano y el garrote en la otra. Julio A. Roca  
Villa Mercedes, 28/10/78.(...) como la mayor parte se hubiese puesto en fuga en dirección a sus tolderías, desprendí algunas partidas para capturarlos, las cuales, como los indios no quisieron detenerse ni entregarse, hicieron uso de sus respectivas armas, dejando tendidos en el trayecto andado 50 muertos. (...) El total de lo tomado (...) asciende en este momento a 200 indios de lanza, 40 de chusma, 300 caballos y 50 mulas (...).
PEÑALOZA. (...)Sobre Peñaloza y sus hijos Goise (...) y Tapayu(...): según diversos documentos, se trataba de “indios gauchos” -término que remitía a grupos que no acataban a cacique alguno, mayoritariamente compuestos por refugiados blancos (...).(...) el comandante Anaya anota: Pichi-quehan era ahora nueve meses el albergue del famoso cacique Peñaloza, temible por su teniente el indio Gaico, su hijo, (...). 

(...)Resultado de la expedición (al Desierto): seis indios muertos; prisioneros: cacique Pincen, un capitanejo, diez y seis indios de lanza, 60 de chusma y 12 cautivos rescatados. En la chusma está toda la familia de Pincen. A pedido de éste he despachado un indio viejo, quien lleva encargo del mismo de decirles a los indios que se presenten. Es conveniente dejar a Pincen por unos días en este campamento, pues a su vista se han de presentar algunos. 

(...) Grande impresión ha causado en ésta la toma de Pincen, el cacique más temido de la Pampa. Usted ha sentado bien su reputación y estoy orgulloso de usted. Pero es necesario que no demore a Pincen y lo mande con todos los tomados. Causará novedad su entrada en esta capital. Julio A. Roca  

(...) Quiero, antes que aprieten los calores, hacerles una buena batida a los indios y llevarles el terror lo más lejos posible(...) Julio A. Roca

LUIS ‘LUCHO’ BAIGORRIA Hermano entero de Baigorrita (...), este inalonco -o ‘capitanejo’, según los blancos- bautizado como Luis Baigorria (...). (...) que a los diez y seis años, se batió al lado de su padrino el Coronel Baigorria en la memorable batalla de Cepeda (...). Después de una temporada en Martín García lo sacaron de allí para mandarlo a pelear contra los revolucionarios del 80, donde resultó herido, y luego quedó en libertad. Reunió a los sobrevivientes de su gente y los llevó a vivir a un lote que le asignaron en un paraje de La Pampa, donde murió el 3/2/1933. (...)apoderándonos de los restos de la tribu de Namuncurá (...), después de haber recorrido la extensa línea de tolderías ocupadas sucesivamente por los indios en su retirada hacia el oeste, visitando todas las aguadas de los flancos del camino, y tomando en ellas los dispersos y familias que no pudieron seguir a este cacique en su precipitada fuga. 

(...)cincuenta y tantos indios de lanza muertos, trescientos prisioneros entre indios de pelea y chusma, y treinta cautivos entre grandes y chicos rescatados, seiscientas ovejas, cien vacas y ochenta caballos, son los resultados (...).

(...) El poder de Namuncurá está destruido; ha huido casi solo en dirección al Colorado (...) En el territorio que formaba lo que él llamaba su patrimonio (...) no queda una sola toldería y sólo vagan en él, fugitivos aislados, desligados ya de todo vínculo con su cacique que les ha arrancado los elementos de movilidad para su fuga, así como los animales de abasto que necesitan para sustentarse.

(...)Coronel Levalle, Esperaba su regreso a los cuarteles de Carhué para felicitar en nombre del señor Presidente de la República y de mi parte, a usted y sus compañeros, por el resultado obtenido. Es la primera vez que Namuncurá siente como merecía el peso de nuestras armas.

(...) Estas sí son, Coronel, campañas fecundas y nobles entretenimientos para el soldado argentino. Lo saluda con cariño Julio A. Roca.

(...)por resultado perder 8 soldados y 5 heridos, sufriendo los indios, como es consiguiente, las consecuencias de su temeridad.

(...)Estos infelices eran perseguidos con un encarnizamiento increíble; a esto se agrega que al mismo tiempo los diezmaba la terrible viruela negra. Vagaban por la pampa sin dirección ni tino, huyendo siempre y siempre cayendo en manos de los “cristianos”. Los que se obstinaban, morían a bala, y los que se entregaban morían también por la viruela. 

(...) Llevo 103 indios de lanza prisioneros, 297 de chusma, 27 cautivos de ambos sexos rescatados. Han sido muertos el Cacique Pichun, tío de Baigorrita, los capitanejos Lencué, Lincopal y Chincol y cuarenta y cinco de lanza. Se han tomado 243 animales vacunos, 777 lanares y 300 caballos más o menos.

(…) táctica de caza, consistente en machacar continuamente sin dar respiro a la presa, resulta, como indican las cifras de muertos y prisioneros, de una eficacia letal, acentuada por el efecto secundario de cantidad de fugitivos que se “presentan” -como gusta decir la jerga de los partes militares para referirse a los grupos que vienen a entregarse sin combatir-, acosados por la desmoralización y la escasez: (...) Juan José Catriel se presentó a Vintter con 150 lanzas y 400 de chusma(...). El capitanejo Catrenao acaba de presentarse al coronel Villegas con 13 indios de lanza y 13 mujeres de Pincen (...). Se me han incorporado los caciques Nahuel Payu y Pichi Pincen, como capitanejos, cincuenta y un indios de lanza, cuatro cautivos y ciento setenta y cuatro familias y chusmas (...). Acaban de presentarse cuatro indios de lanza con dos de chusma y nueve criaturas (...). Mañana estarán aquí 73 indios y chusma que me avisan que vienen a presentarse (...)

(...)al mando del teniente coronel Napoleón Uriburu, se prepara para partir de la frontera de Mendoza hacia el sur cuando comience la “gran expedición”, con la misión específica de cortar el camino de los grupos de fugitivos de la pampa que intenten el recurso lógico de buscar refugio en la cordillera. (...) lista la trampa para garantizar que nadie escape a la ‘limpieza definitiva’ del área dispuesta por la ley (...)Los indios van profundamente desmoralizados; (...) y despavoridos buscan una guarida en lo más recóndito de los Andes, figurándose que allí no los alcanzaremos. 

(...)No quedan más que algunas partidas que no llegan a cincuenta indios; diseminados sin rumbo, desde las cercanías de sus antiguos campamentos hasta el Nahuel Mapu, sin paradero fijo y sin familia. Están mal montados.

(...) El número de indios que hay al mando de los sucesores de Mariano y Epumer Rosas, Guoigioner [Guaiquinguer], hijo del primero, Parciatru [Panguichrür] del segundo, es de cien o poco más, pero la chusma pasa de seiscientos. Los animales que conducen son mil, entre caballos, yeguas y vacunos.

PANGUICHRÜRNGUER (MARIANO ROSAS) (...) Paghitruz Güor [Panguichrürnguer], "zorro cazador de leones" nació hacia 1825 a orillas de la laguna Leuvucó, (30 kilómetros de Victorica, nordeste de La Pampa). Fue el segundo hijo del cacique Painé [Painenguer: Zorro Celeste] y de una cautiva. (...) Paghitruz y otros chicos indígenas fueron tomados prisioneros (...). La partida militar los trasladó engrillados.(...) los llevó en presencia de Juan Manuel de Rosas. Al enterarse de que Paghitruz era hijo de un cacique famoso, el Restaurador "le hizo bautizar, sirviéndole de padrino, le puso Mariano en la pila, le dio su apellido y le mandó con los otros de peón a su estancia del Pino(...) . Entre rebencazos gratuitos y muestras de afecto, allí aprendió a leer y escribir, y se hizo diestro en las faenas rurales. "(...) Una noche (...), los chicos ranqueles montaron los mejores caballos y escaparon.(...) Mariano (...) no abandonó su lengua ni su pago. En 1858 asumió la máxima conducción del cacicazgo —pertenecía a la dinastía de los zorros, la más prestigiosa—, flanqueado por otros dos grandes caciques: Baigorrita y Ramón el Platero. Mariano Rosas murió de enfermedad el 18 de agosto de 1877. (...) Un año después, el Gobierno lanzaría la Campaña al Desierto. Traicionados, los lanceros serían pasados a degüello. Los sobrevivientes, repartidos en estancias pampeanas o desparramados por Tucumán, Martín García y hasta en las islas Malvinas. Las mujeres fueron destinadas al servicio doméstico. Los chicos, como peones. (...) el coronel Eduardo Racedo remató el aniquilamiento. Descubrió en Leuvucó la tumba de Mariano Rosas y se alzó con sus huesos, (...). Terminó obsequiándolos a Estanislao Zeballos, un coleccionista de cráneos que a fines del siglo XIX los donó al Museo de Ciencias Naturales de La Plata. (...) Trofeo de guerra primero, patrimonio antropológico después, el cráneo del zorro cazador de leones estuvo expuesto en el museo durante un siglo. (SIBILA CAMPS, Diario Clarín).
(...) Del asalto resultó muerto el cacique Payeirán y 14 indios de lanza, 12 de éstos y 72 de chusma, prisioneros, y algunos chilenos, quedando en nuestro poder 100 vacas, 18 caballos y 500 ovejas.

(...) se avistaban indios en la margen izquierda del río. (...), les hizo 6 muertos en la persecución, dos de lanza heridos, que cayeron en nuestro poder, 7 indios de lanza prisioneros y 54 de chusma, tomándoles 44 animales caballares, 45 vacunos, 180 ovejas y algunas monturas. Los indios eran mandados por Painé, que cayó prisionero y venían emigrados de la Pampa, perteneciendo a la tribu de Baigorrita, que viene más atrás, en completa fuga, y al que se espera darle caza. 

(…) Los prisioneros se encuentran en el último estado de pobreza, completamente desnudos y sin más alimento que raíces y cueros viejos, que recogían de los toldos abandonados. 

(…) llegamos a tiempo a Ranquél-Có, donde se encontraba acampado Baigorrita(...) cuyo número, con los que ya habíamos tomado, alcanza a 3 capitanejos, 22 indios de lanza, 102 de chusma y 29 cautivos rescatados; más 50 caballos y algunas pocas vacas y ovejas. 

(...) El capitán don Máximo Albornoz regresó con(...) 6 indios de lanza, 39 chinas grandes, 72 muchachos chicos de ambos sexos y 10 muchachos de pecho de ambos sexos(...) Las heladas continuaban con más y más fuerza(...) Los prisioneros, en completo estado de desnudez y yo presenciando sus sufrimientos(...) Inspiraban verdadera compasión los más pequeños que, agrupados alrededor de los fogones, huyendo del frío, se quemaban las carnes, ostentando en seguida grandes y profundas llagas que la falta de abrigo, las hacía de muy difícil curación.

CHOIQUEROS. (...) nombre fronterizo adjudicado en el sur de Mendoza a los temerarios y no demasiado escrupulosos cazadores que, (...) se arriesgaban por la dilatada tierra de nadie extendida a lo largo de la falda andina (...) hasta los dominios de los picunche, en la cuenca del Neuquén. (...), bolear al sur de la frontera terminó por convertirse en un oficio, peligroso pero permanente, para aventureros, desocupados y fugitivos.(...) la gran redada urdida por el general Julio Argentino Roca para "terminar con el problema del indio", se abrió una instancia de reclutamiento voluntario (...). Casi todos los seleccionados entre los que respondieron a la convocatoria pertenecían a esta clase de boleadores andariegos.(...) ellos fueron los encargados de detectar, contactar y combatir a la tribu de Baigorrita cuando arribó a esa zona.
(...) Hoy cruzan el Desierto en todas direcciones partidas de cuatro a seis hombres, sin que nadie les estorbe el paso; así pues, puede asegurarse que ya no hay indios, y los únicos que aun existen son grupos insignificantes a pie, harapientos y muertos de hambre, que sucumbirán o vendrán a presentarse, como único recurso. 

(...)La noche de ayer ha sido la más fría que se ha experimentado en toda la campaña. El llanto de los indios pequeños que había en el depósito de prisioneros era desolador. La completa desnudez en que se hallaban les hacía sentir con toda su horrible intensidad el rigor de la estación. 

MARILLAN. (...)se había retirado con su gente a los áridos terrenos al sur de Urre Lauquén (Vurrelauquen: Laguna Amarga) tiempo antes de la campaña del desierto. (...)Se retiró ante el avance de las tropas y se unió a Cumelau (...) hasta ser alcanzados al sur del Colorado. Cumelau cae prisionero, y Marillán (Marillanca: diez cuentas de collar) escapa con varios de sus hombres. Después, no he podido reencontrar su rastro: tanto puede haber resultado muerto como prisionero, o tal vez fue uno de los escasísimos afortunados que lograron sobrevir en algún refugio andino inalcanzable.
(…) se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados (...) Así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una caballada, vacas y ovejas. 

PURRAN. Con Saihueque y Namuncurá, Purrán (vale por ocho) fue uno de los últimos grandes jefes mapuche de este lado de los Andes. (...) las tribus picumches (picum: norte; che: gente) obedecían al famoso Purran. Veintidós caciques menores le respondían, (...). El prestigioso caudillo picumche, en aquellos momentos, podía poner en línea hasta mil lanzas, disponiendo de numerosa y escogida caballada (...) estuvo ocho años prisionero, (...).  

(...) Mi marcha al río Colorado, (...) no tenía más objeto ya que cerciorarme (...), de que el cacique ranquelino con los restos de su tribu, lo había vadeado y continuaba su precipitada fuga por el camino (...) a ser esto verdad, los salvajes no regresarían más a los campos que abandonaban, dejando así de ser una amenaza eterna para nuestras riquezas pastoriles.

(...) Mientras, el teniente coronel Uriburu cumple su amenaza de mandar apestados a los pehuenche para difundir entre ellos el contagio:(...) Despachóse al cacique Painé, su mujer y sus hijos, y diez enfermos de viruela, poniéndolos en libertad, para que al mismo tiempo conduzcan una nota que se dirige a Guaiquillán, segundo de Purrán (...).

(...) es sabido que muchos de estos prisioneros fueron destinados a la zafra en Tucumán, donde las condiciones climáticas y laborales, la pésima alimentación y el maltrato prácticamente los exterminaron.
(...) Por pedido que me hizo el comandante Meana, ordené le fueran entregadas dos chinitas pequeñas de las que tomó prisioneras (R 42).
(...) El comandante Roca me pidió un indiecito de los que él trajo y estaban en el depósito para su servicio, que me apresuré a hacerlo entregar. Bien merecido lo tenía (R 118).
(...) Al mayor Leyría le hice entregar un chinito que me pidió para su servicio (R 123).
(...) Los oficiales del Batallón 3 de Línea, me pidieron algunos indios pequeños de los prisioneros, para dedicarlos a su servicio; se los mandé entregar (R 149).
(...) Mandé entregar cinco indios pequeños, a varios jefes y oficiales de la División que los solicitaron (R 150).
(...) [manda empadronar a los prisioneros] incluyendo los que habían sido colocados en poder de numerosos jefes y oficiales de la División (R 153). (...).
(...) Los temores que de tiempo atrás abrigábamos respecto al desarrollo de la viruela, estaban ya realizados. (...) Varios casos de este horrible flagelo tuvieron lugar en la fecha. (...) Hasta ese momento la enfermedad sólo se cebaba en los desgraciados indios, que encontraba mejor preparados por su falta de higiene; (...).
(...) La salud en el campamento, empeora cada día (...) Desde el mes de abril los indios del desierto estaban con esta epidemia, y no exagero en nada diciendo que la temían más que una invasión de cristianos.

El final de la tribu de Baigorrita (julio 1879): (...) los indios, en número de 35, a nuestra presencia, emprendieron la fuga, encabezados por el cacique Baigorrita, (...)18 indios de lanza muertos sobre el mismo terreno en buena pelea, 150 prisioneros entre lanzas, chusma y cautivos rescatados, 9 vacas y 70 caballos tomados, fue el fruto de este encuentro.  

(...) en marcha para mi regreso, (...) con 30 de chusma, 6 vacas y 6 caballos, todo quitado a otro grupo que batió y dispersó. Entre la chusma tomada se cuenta toda la familia de Baigorrita.  

(...) buscando la rastrillada de los indios, y con una partida de 18 hombres, seguí una huella

que cruzaba hacia la costa dándoles alcance en la tarde a un grupo de 30 indios, (...) en persecución de otro grupo que iba adelante por la costa del Neuquén abajo los que fueron asaltados y tomados en la mañana siguiente, cayendo entre ellos Baigorrita; éste había sido herido al tomarlo, y falleció ayer en el camino. (...) una de las partidas desprendidas del destacamento de su mando, alcanzó a Baigorrita, muriendo éste en el combate con 5 de los suyos y tomando 25 de lanza y 33 de chusma prisioneros (...).  

(...) Curiosamente, después de tantos desvelos por cazar a Baigorrita, las referencias a su muerte llegadas desde el campo de batalla se reducen a poco más de lo que he transcripto. 

(...) “Villa de Mercedes, agosto 21 de 1879. (...) recibo telegrama del señor Ministro de la Guerra, general D. Julio A. Roca, en el cual me comunica que el cacique Baigorrita, no queriéndose rendir, ha sido muerto por las fuerzas del coronel Uriburu, noticia que pongo en conocimiento de V. S. y a la División de su mando, por la desaparición de la raza ranquelina, y el feliz acontecimiento de la muerte del último cacique, como lo era Baigorrita.  

(...) el testimonio que sigue, redactado sin el interés por impresionar a un interlocutor ávido, dentro de un documento de carácter burocrático, parece más digno de crédito. Es importante señalar un detalle (...) nadie, en la 4ª División, conocía a Baigorrita: (...) En el mes de Junio, salimos con objeto de hacer un reconocimiento al Cerro de Aucamahuida, que en lengua de indio quiere decir Cerro de la Yegua, encontrando después de 4 días de camino una tribu pampeana que pertenecía al cacique Baigorrita, (...) Un oficial Eliseo Avila de Guardia Nacional salió al encuentro de los que huían y creyendo que se ocultaba le tiró al mismo indio, pegándole en un brazo; cuando nosotros llegamos a donde estaba el herido, tenía el muslo izquierdo y el brazo derecho completamente destrozados, por lo que el Oficial Avila nos ordena que lo matáramos, así lo hicimos. Cuando reunimos los 18 indios de la escolta del cacique, el Mayor Torres preguntó cuál de ellos era el cacique, contestando que era el que estaba muerto. Así terminó el famoso Baigorrita, terror de la Pampa Central. 


1. d. Extractos de "El combate de Cochicó. O mejor dicho, los hechos que confluyeron en la jornada de Cochicó". 

Nota realizada por el historiador José Carlos Depetris en base a su participación en el ciclo “Historias de La Pampa desconocida".
https://efemeridespampeanas.wordpress.com/efemerides/page/34/

En 1878 el gobierno nacional debía renovar el tratado de paz firmado con los ranqueles seis años antes. (...)en los mismos días en un suelto del diario La Prensa se desnudaba elocuentemente la perspectiva para los próximos meses en la cuestión indios: “Estamos como nación empeñados en una contienda de razas en que el indígena lleva sobre sí el tremendo anatema de su desaparición, escrito en nombre de la civilización. Destruyamos, pues, moralmente esa raza, aniquilemos sus resortes y organización política, desaparezca su orden de tribus y si es necesario divídase la familia. Esta raza quebrada y dispersa, acabará por abrazar la causa de la civilización”. (...)

Roca había solicitado ante las Cámaras en 1877 dos años para finiquitar el problema del indio: uno para preparase y otro para ejecutar el plan, conocido luego como La Conquista del Desierto.  En este contexto se firma el nuevo tratado de paz de 1878, sabiendo de antemano el gobierno que no lo cumpliría. Así, a los pocos días, un contingente de más de cien guerreros ranquelinos, se dirige a Villa Mercedes de San Luis a cobrar las raciones estipuladas en el pacto. (...) Iban en son de paz, acompañados de sus mujeres e hijos(...) a una legua de Villa Mercedes, en Pozo del Cuadril, donde existía un reten militar de avanzada, son encerrados por las tropas, quedando más de cincuenta lanceros muertos sin poder haberse defendido. Casi la totalidad de los sobrevivientes quedan malamente heridos. Entre ellos, niños y mujeres.  Yancamil queda prisionero y reponiéndose de sus heridas, mientras que las familias integran luego un contingente de prisioneros que son llevados a la zafra tucumana. Tránsito Gil, la mujer de Yancamil y sus dos hijitas también son llevadas. Ninguno de los ranqueles enviados a Tucumán regresó, ya que en poco tiempo desaparecieron embrutecidos por el alcohol, los castigos de sus capataces y las condiciones infrahumanas de explotación en los ingenios. 

(...)Después vinieron otras formas más sutiles de exterminio en la construcción de un país oficial y aséptico. Desdeñado, olvidado, desplazado a los márgenes de las mejores tierras, el pueblo ranquel debió experimentar nuevos atropellos. Los poderosos tenían que resolver el obstáculo del remanente indígena retardario; había que ciudadanizarlo rápidamente, borrando todo atisbo de indigenismo, enmascarando identidades.  Y se trabajó fuertemente en ese sentido. Se les quitó el idioma como elemento inútil y vergonzante, se rompió la organización social ancestral destribalizando y quitando sentimientos de pertenencia. Se los omitió hasta en los censos oficiales de población. (...) dio por resultante la transculturación y disolución de aquella sociedad.  
1. e. EL FONDO DE LA TIERRA, Destinos errantes en la Frontera Sur.

Marcela Tamagnini y Graciana Pérez Zavala

http://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0CCAQFjAAahUKEwjcq72YrIjGAhWjWowKHb0NADU&url=http%3A%2F%2Fhistoriapolitica.com%2Fdatos%2Fbiblioteca%2Ffrontera_tamagnaninyperezzavala.pdf&ei=b915VZy4AaO1sQS9m4CoAw&usg=AFQjCNEvyjVu-mM2mAiARl3GOrhRCZsC7w&bvm=bv.95277229,d.cWc

 
Reseñas: El Fondo de la Tierra. Destinos errantes en la Frontera sur, Tamagnini, Marcela y Graciana Pérez Zavala, 2010. Río Cuarto, Universidad Nacional de Río Cuarto.  
Ingrid de Jong
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-37512011000200007 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas / Universidad de Buenos Aires / Universidad Nacional de La Plata. E-Mail: ildejong@hotmail.com  
  


La Frontera Sur, como muchas de las fronteras americanas, conformó un proceso de larga duración en el que los ritmos de avance del estado colonial y nacional, así como las reconfiguraciones económicas y políticas de las sociedades indígenas crearon escenarios complejos y heterogéneos. (...) la frontera sur de Córdoba y San Luis en las décadas previas a la ocupación nacional de los territorios pampeanos. (...) a reconstruir las formas específicas que adquirió el avance estatal en la frontera de Córdoba y San Luis y las consecuencias que generó para sus pobladores. Representada como "frontera interior" desde una concepción estatal que reclamaba para sí la soberanía de los territorios indígenas de Pampa y Patagonia, los diversos espacios de la frontera sur –un amplio arco que atravesaba el actual territorio argentino desde las cordilleras hasta el Atlántico- fueron complejos espacios sociales, en los que la situación fronteriza había generado redes de relaciones y formas de subsistencia que vinculaban a pobladores "indígenas" y "cristianos" en dinámicas comunes. La organización y consolidación del estado nacional en la segunda mitad del siglo XIX dio lugar a la elaboración de políticas tendientes a incorporar territorios indígenas al ámbito productivo con destino al mercado internacional. (...)
(...) el foco en los pobladores del territorio enmarcado por los ríos Cuarto y Quinto, indagando en sus vínculos económicos, políticos y sociales con los ranqueles y en aquellos factores que llevaron a muchos a buscar refugio en las tolderías indígenas. (...) El frente de expansión estatal-capitalista desarrolló así dos tipos de "obstáculos": el indígena y el de los peones, puesteros y "vagos de la campaña", fuerzas sociales subalternas a las que había que sujetar al control estatal. Es por ello que los territorios de "tierra adentro" albergaron no sólo a las poblaciones indígenas que defendían sus territorios, sino a aquellas fuerzas sociales que resistieron la unificación del estado, como las montoneras provinciales de extracción federal, así como a aquellos que, pertenecientes al sector marginalizado de la frontera, tenían dificultades ante la ley.(...)
(...) la conformación de los grupos ranqueles del sur de Córdoba y norte de la actual La Pampa y de los efectos críticos que sobre ellas tuvieron los avances de la línea militar en la década de 1870. Estos afectaron principalmente los territorios y ganados de aquellos grupos ranqueles "de la entrada" o "de la orilla", más cercanos a la frontera cristiana, generando conflictos y provocando represalias que contradecían el curso de negociaciones que los caciques de las tolderías centrales intentaban mantener con las autoridades militares.(...)
(...)la instalación de los misioneros franciscanos en la frontera y las dificultades creadas por los intereses económicos y militares para el desarrollo de las tres reducciones principales conformadas en la frontera: Las Totoritas, Villa Mercedes y Sarmiento. Estas reducciones coincidieron con el despliegue de las acciones de avance militar y sus integrantes fueron aquellos indígenas tomados prisioneros en las expediciones militares o caciques, capitanejos y familias que, dado el contexto de pobreza y represión generado por el avance militar en "tierra adentro", decidieron acercarse voluntariamente a las mismas. Las restricciones sufridas por estas reducciones se vincularon al escaso apoyo económico recibido del gobierno, pero especialmente a la clara política de militarización de sus pobladores que sustentó Julio A. Roca, jefe de fronteras de Río Cuarto. El traslado de fuerzas indígenas y su empleo privilegiado en acciones militares contra los indios autónomos impidió el desarrollo de las reducciones franciscanas, que terminaron por desaparecer entre los años previos e inmediatamente posteriores a la "Conquista del Desierto". Por otra parte, el asentamiento en las reducciones de frontera y la participación de los indígenas como milicianos del gobierno acentuaron y generaron nuevas fracturas políticas entre grupos ranqueles, (...) márgenes de resistencia que muchos de estos contingentes reducidos mantuvieron vigentes hasta las campañas de ocupación final.
  (...) Las reducciones, los tratados de paz y la militarización de los indígenas fueron prácticas paralelas que acompañaron la gestión de una nueva presencia estatal, que apuntaba a consolidar un orden productivo y de propiedad (...).


1. f. La marginación de los indios apaches, pampas y ranqueles como parte del discurso político dominante en México y Argentina durante los siglos XVIII y XIX

 
Martha Delfín Guillaumin


 
(…) comparar el proceso de construcción en los discursos políticos dominantes las categorías conceptuales que se definieron los apaches en el norte de México y a los indígenas pampas y ranqueles de la zona de frontera pampeana en Argentina. (…)  el efecto del discurso civilizatorio de las campañas de exterminio contra dichos grupos étnicos realizadas en las últimas décadas del siglo XIX por los gobiernos mexicano (…)

 
(…) en el caso de los ranqueles, grupo étnico de sustrato tehuelche araucanizado que vivió al sur de Córdoba y en la actual Provincia de La Pampa, Argentina.

 
(…) en el norte mexicano como en el sur argentino se puede comprobar la tesis boltiana de las instituciones de frontera, como el presidio y las comandancias de frontera, para la avanzada poblacional española.(…) En el último cuarto del siglo XIX, ya con los gobiernos independientes, la solución al llamado “problema indio” sería dada con la acción militar ofensiva. Parte de las consecuencias, en cuanto a los sobrevivientes de esta guerra genocida, sería seguir el modelo del gobierno estadounidense con las reservas aborígenes para el caso argentino (…).

 
(…) Territorialmente, la idea de frontera está asociada, entre otras cosas, a las “poblaciones limítrofes”, a los poblados de la campaña y los centros urbanos, a las divisiones geopolíticas entre dos países, (…).

 
(…) ¿Cómo se construye la frontera?, ¿es una simple mojonera la que permite establecer los límites? Este es un concepto occidental, una elaboración que nos lleva a la época de la España medieval en la que se distinguía la tierra de los infieles de la tierra de los cristianos. En México y Argentina desde los inicios de la época colonial se dio una situación similar, es decir, establecer la frontera como un espacio social y político en donde se dividían dos formas de ver el mundo según la cultura de los europeos y de los pueblos originarios. Esta tierra de frontera (borderlands) creará el escenario donde se realizará el enfrentamiento entre los grupos indígenas que no se dejarán conquistar y los europeos y criollos que insistirán en ello. Se convirtió en un espacio híbrido, de negociaciones, de comercio, de intercambio de ideas, de malones; será, entonces, el punto en donde se tocan dos realidades distintas:

 
(…) Las fronteras tienen cuando menos dos lados, de modo que una frontera en expansión invariablemente colinda con la frontera de alguien más. En vez de verlas como líneas, parece que las fronteras se entienden mejor como zonas de interacción entre dos culturas diferentes, como lugares en que las culturas del invasor y del invadido contienden entre sí y con su entorno físico para producir una dinámica única en el tiempo y en el espacio.

 
(…)  “Por pueblo bárbaro tengo a aquel que no está sujeto a leyes ni a magistrados, y que finalmente vive a su arbitrio La autoría de esta frase generalmente es atribuida a Concolorcorvo, el secretario mestizo de Alonso Carrió de la Vandera, un español que era funcionario del gobierno español (…)” Los indígenas pampas, los ranqueles y los apaches pertenecían a la categoría de indios infieles, indios bárbaros o indios enemigos (…) para el siglo XIX la palabra civilización iba acompañada del concepto de progreso. Además, los territorios en los que se hallaban estos pueblos indios se ubicaban en lo que se llamaba Tierra adentro y sus límites eran las fronteras interiores del imperio español (…) «Tierra adentro» es la denominación que se le daba al territorio indígena de Pampa y Patagonia. Es el territorio que para las comunidades libres significa el refugio y la posibilidad de desplegar la vida originaria, sin interferencias. Kilómetros antes, la frontera es la zona gris que mezcla a indígenas, desertores, cautivos, depredadores y “bagos”. La frontera es el espacio inmediatamente anterior a tierra adentro. Y es el paraíso y el terror. Lo primero para todos aquellos que buscan la libertad. Lo segundo para aquellos que reciben el impacto de la guerra sin cuartel.  

 
(…) los gobiernos de los Estados de Chihuahua y Sonora “pusieron precio a las cabelleras de los apaches y les declararon de manera formal la guerra” en 1833 y 1835 respectivamente. Los cazadores de cabelleras, quienes aparecieron en esos años, “reunieron con engaños a los indios desarmados para masacrarlos por sus pistoleros y el Ministro de Guerra comunicó a la Comandancia General de Chihuahua sobre los excesos cometidos por Santiago Kirker, uno de los cazadores, durante la guerra contra los apaches.”

 
(…) Luego de la Guerra de 1846-1847 entre México y los Estados Unidos, era muy frecuente encontrar en los diarios noticias como ésta: Los apaches, tribu aunque menos fuerte y numerosa que los comanches, son en extremo sagaces, tienen un conocimiento asombroso del país y habitan dentro del mismo estado diseminados en parcialidades o familias, mudando sus aduares de unas a otras sierras o aguajes en los lugares desiertos desde donde acechan a los transeúntes y a las haciendas y lugares cortos, acometiendo con rapidez asombrosa (…) En mi juicio estos salvajes no pueden civilizarse, lo único que pudiera intentarse sería, para bien de la humanidad, exterminar a los indios de armas, coger prisioneros a las mujeres y niños y educarlos diseminándolos en el centro de la república, y aún así hay mil ejemplos de que han vuelto a tomar sus costumbres salvajes, aún después de haber conocido los goces de la sociedad. (…)

 
(…)  En Argentina, se nombró a Juan Manuel de Rosas como el “Héroe del desierto” porque en 1833 había hecho una campaña militar contra los indios del desierto (así se le decía al territorio indio, a la pampa, un desierto para la civilización). También,  lo largo del siglo XIX, se fomentaron las rivalidades entre los diversos pueblos indígenas, un ejemplo de indios aliados al gobierno argentino serían los pampas de Catriel que sirvieron para combatir a los indios salineros de Calfucurá. Así, las voces: frontera, desierto, cautivo, bárbaro y tierra adentro se volvieron parte de este imaginario social y, por ende, no resulta extraño que en 1878, Estanislao S. Zeballos hablara de la conquista de quince mil leguas sobre territorio indígena enemigo, una avanzada de la civilización hacia el desierto de la barbarie.

 
(…)  Arturo Capdevilla (…) escribe a mediados del siglo XX: (…) Y bien: la República Argentina no pudo hacer sino lo que hizo: tomar posesión de esas tierras por la sencilla razón de que eran suyas. El indio que nos tocara en suerte no constituía más que ganado humano: las cosas por sus nombres.

 
(…)  en la historia de los indios bárbaros del norte mexicano y del sur argentino, las fronteras socioculturales significan fronteras de guerra. No sólo se estigmatizó a los indios construyendo su otredad desde una posición sumamente etnocéntrica nombrándolos infieles o incivilizados, sino que la solución al llamado “problema indio” se dio con una guerra genocida. A los sobrevivientes les tocó la suerte de vivir en reclusión, creando una nueva frontera, la de las reservas en el caso estadounidense con los apaches que fueron deportados de México porque ni siquiera se les consideraba que eran mexicanos; la de las reservas o colonias aborígenes en el argentino. 
1. g. Extractado de “UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELES”

Lucio V. Mansilla, 1870 (Argentina, 1831-1913)

http://www.biblioteca.org.ar/libros/10068.pdf

(…) los ranqueles son esas tribus de indios araucanos, que habiendo emigrado en distintas épocas de la falda occidental de la cordillera de los Andes a la oriental, y pasado los ríos Negro y Colorado, han venido a establecerse entre el Río Quinto y el Río Colorado, al naciente del Río Chalileo. 
(...) La nueva línea de fronteras de la Provincia de Córdoba no está ya donde tú la dejaste cuando pasaste para San Luis (…) Está la nueva línea sobre el Río Quinto, es decir, que ha avanzado veinticinco leguas, y que al fin se puede cruzar del río Cuarto a Achiras sin hacer testamento y confesarse. Muchos miles de leguas cuadradas se han conquistado (...). La nueva frontera de Córdoba comienza en la raya de San Luis, casi en el meridiano que pasa por Achiras, situado en los últimos dobleces de la Sierra, y costeando el Río Quinto se prolonga hasta la Ramada Nueva, llamada así por mí, y por los ranqueles Trapalcó, que quiere decir agua de Totora, Trapal es Totora y co, agua. 
(...) El punto fuerte principal de la nueva línea de frontera sobre el Río Quinto se llama Sarmiento. De allí arranca el camino que por Laguna del Cuero, famosa para los cristianos, conduce a Leubucó, centro de las tolderías ranquelinas. 
(...) Una de ellas estriba en no comer ni beber cosa alguna, sin antes ofrecerle las primicias al genio misterioso en que creen y al que adoran sin tributarle culto exterior. Consiste esta costumbre en tomar con el índice y el pulgar un poco de la cosa que deben tragar o beber y en arrojarla a un lado, elevando la vista al cielo y exclamando: ¡Para Dios! Es una especie de conjuro. Ellos creen que el diablo, Gualicho, está en todas partes, y que dándole lo primero a Dios, que puede más que aquél, se hace el exorcismo. 
(...) Una rastrillada, son los surcos paralelos y tortuosos que con sus constantes idas y venidas han dejado los indios en los campos. Estos surcos, parecidos a la huella que hace una carreta la primera vez que cruza por un terreno virgen, suelen ser profundos y constituyen un verdadero camino ancho y sólido. (...) En plena Pampa, no hay más caminos. Apartarse de ellos un palmo, salirse de la senda, es muchas veces un peligro real; porque no es difícil que ahí mismo, al lado de la rastrillada, haya un guadal en el que se entierren caballo y jinete enteros.
(...) De todos lados asomaban indios, al gran galope siempre, sin curarse de los obstáculos naturales del terreno, donde caballos educados como los nuestros o los ingleses habrían caído postrados de fatiga a los diez minutos por vigorosos que hubieran sido. Subían rápidos a la cumbre de los médanos de movediza arena y bajaban con la celeridad del rayo; se perdían entre los montecillos de chañar, apareciendo al punto; se hundían en las blandas sinuosidades y se alzaban luego; se tendían a la derecha, evitando un precipicio, después a la izquierda rehuyendo otro, y así ora en el horizonte, ora fuera de la vista del plano accidentado, cuando menos pensábamos brotaban a nuestro lado, por decirlo así, incorporándose a mi comitiva. 
(...) La importancia de un indio se mide por el número y la calidad de sus caballos. Así, cuando quieren dar la medida de lo que un indio vale, de lo que representa y significa, no empieza por decir: tiene tantos o cuantos rodeos de vacas, tantas o cuantas manadas de yeguas, tantas o cuantas majadas de ovejas y cabras, sino tiene tantas tropillas(...), pueden cabalgar tantos o cuantos indios; lo que quiere decir, que en caso de malón podrá poner en armas muchos, y que si el malón es coronado por la victoria, tendrá participación en el botín con arreglo al número de caballos que haya suministrado, (...). 
(...) Primero pedirá yerba. ¿Se la dan? Pedirá azúcar. ¿Se la dan? Pedirá tabaco. ¿Se lo dan? Pedirá papel. Y mientras le vayan concediendo o dando, irá pidiendo, y habrá pedido lo que fue buscando, que era aguardiente. El golpe de gracia viene entonces, pide por fin lo que más le interesa y si no le niegan contestará: no dando lo más; pero dando aguardiente. 
(...) Las tales mujeres tienen el poder diabólico de hacer todo cuanto quieren, y por eso ha de ser que los franceses dicen ce que femme veut Dieu le veut. De un federal son capaces de hacer un unitario y viceversa, que es cuanto se puede decir. Por supuesto que de cualquiera hacen un tonto. 
(...) Así duraba más tiempo la exposición de mi persona y séquito; se nos examinaba prolijamente. Y mientras se nos examinaba, las viejas brujas, en virtud de los informes y detalles que recibían, descifraban el horóscopo, leyendo en el porvenir, relataban mis recónditas intenciones y conjuraban el espíritu maligno, el gualicho. 
(...) De Leubucó arrancan caminos, grandes rastrilladas por todas partes. Allí es la estación central. Salen caminos para las tolderías de Ramón que quedan en los montes de Carrilobo; para las tolderías de Baigorrita, situadas a la orilla de los montes de Quenque; para las tolderías de Calfucurá en Salinas Grandes, para la Cordillera, y para las tribus araucanas. 
(...) Yo he recogido, a fuerza de maña y disimulo, muchos datos a este último respecto (...). Y digo con maña y disimulo, porque entre los indios, nada hay más inconveniente para un extraño, para un hombre sospechoso, como debía serlo y lo era yo, que preguntar ciertas cosas, manifestar curiosidad de conocer las distancias, la situación de los lugares a donde jamás han llegado los cristianos, todo lo cual se procura mantener rodeado del misterio más completo. Un indio no sabe nunca dónde queda el Chalileo, por ejemplo; qué distancia hay de Leubucó a Wada.
(...) Me acuerdo que en el Río Cuarto, queriendo yo mantener algunos datos sobre la población de los ranqueles, le hice cierto número de preguntas a Linconao, que tanto me quería, delante de Achauentrú. Como aquél contestara bastante satisfactoriamente, éste, con tono airado, le amenazó diciéndole en araucano: que cuando regresase a Tierra Adentro, le diría a Mariano Rosas que era "un traidor que había estado hablando esas cosas conmigo", y dirigiéndose a los demás indios circunstantes, añadió: "Uds. son testigos". 
(...) En el Río Cuarto yo me solía divertir mostrándoles a los indios un reloj de sobremesa, que tenía despertador, un barómetro, una aguja de marear óptica, un teodolito y un anteojo. Miraban y miraban con intensa ojeada los objetos, y como quien dice: eso no llama tanto como Ud. cree mi atención, me decían: "Allá en Tierra Adentro mucho lindo teniendo". 
(...) Al mejor se la doy, a abrazar cuatro veces, cargar y suspender otras tantas a cualquiera, gritando como un marrano ¡¡¡aaaaaaaaaa!!! no es cosa. Pero cuando ese cualquiera llega a pesar nueve arrobas, tanto como Melideo; pero cuando hay que repetir la misma operación muscular y pulmonar ochenta o cien veces, el ejercicio es grave, y puede darle a uno títulos suficientes para ocupar algún día en el mausoleo de la posteridad un lugar preferente entre los gladiadores o luchadores del siglo XIX. Yo estaba orgulloso, contento de mí mismo, como si hubiera puesto una pica en Flandes, no sólo por la energía y fortaleza de que había dado pruebas incontestables y señaladas, sino porque ciertas frases que oía vagar por la atmósfera hacían llegar hasta mi conciencia el convencimiento de que aquellos bárbaros admiraban por primera vez en el hombre culto y civilizado, en el cristiano representado por mí, la potencia física, dote natural que ellos ejercitan tanto y que tanto envidian y respetan. De vez en cuando llegaban a mis oídos estos ecos: "Ese Coronel Mansilla muy toro; ese Coronel Mansilla cargando; ese Coronel Mansilla lindo". Y esto diciendo, un sinnúmero de curiosos se acercaban a mí, hasta estrecharme y no dejarme mover del sitio.(...)Y después de mirarme bien, me decían alargándome, la mano: -Ese Coronel, dando la mano, amigo. -Y no sólo me daban la mano, sino me abrazaban y me besaban, con sus bocas sucias, babosas, alcohólicas, pintadas. 
(...) ¿Qué más podían hacer aquellos bárbaros, sino lo que hacían? ¿Les hemos enseñado algo nosotros, que revele la disposición generosa, humanitaria, cristiana de los gobiernos que rigen los destinos sociales? Nos roban, nos cautivan, nos incendian las poblaciones, es cierto. ¿Pero qué han de hacer, si no tienen hábito de trabajo?
(...) Epumer la había emprendido conmigo, y un indiecito Caiomuta, que jamás quiso darme la mano, so pretexto de que yo iba de mala fe: ¡Winca engañando!, salía constantemente de sus labios. El vino y el aguardiente corrían como agua, derramados por la trémula mano de los beodos, que ya rugían como fieras, ya lloraban, ya cantaban, ya caían como piedras, roncando al punto o trasbocando, como atacados de cólera. Aquello daba más asco que miedo. 
(...) Todos me trataban con respeto, menos Epumer y Caiomuta. Tambaleaban de embriaguez. Una algazara estrepitosa, producida por medio de golpes dados en la boca abierta, con la palma de la mano, estallaba incontinenti. ¡¡Babababababababababababababababababa!! Resonaba, ahogándose los últimos ecos en la garganta de aquellos sapos, gritones. Mientras el licor no se acabara, la saturnal duraría. Ya la tarde venía. Yo no quería que me sorprendiera la noche entre aquella chusma hedionda, cuyo cuerpo contaminado por el uso de la carne de yegua, exhalaba nauseabundos efluvios; regoldaba a todo trapo, cada eructo parecía el de un cochino cebado con ajos y cebollas. En donde hay indios, hay olor a azafétida.